lunes, 29 de marzo de 2010

La Guerra y la Paz, Exceso de Tostoi.

No tengo mucho que comentar, porque ante las grandes novelas, como ante todas las cosas impresionantes, la imposibilidad de expresar lo que se siente, ni de describir claramente las sensaciones experimentadas da lugar, por lo menos para mí, a una sensación de vacío, de mente en blanco, en que la falta de palabras se disfruta. Es tremenda la sensación de tener en tus manos un libro grande, histórico, y que te gustaría haber conocido antes.

La novela va contando en forma precisa las trasformaciones, tanto personales como de un país entero, bajo los prismas de la tranquilidad y fragilidad de la paz como en la brutalidad y espanto de la guerra. La evaluación sicológica introspectiva de los personajes que marca toda la obra de Tostoi nos hace caer en un estado necesario para insuflar nuestro espíritu con preguntas. Las dudas permanentes y personales, la insatisfacción, la superficialidad de la vida son tratadas con exactitud, y nos sumergen en espejos en los que podemos reflejar nuestras propias dudas. Se logra una tremenda profundidad del análisis y descripción sicológica de cada uno de los personajes. Igual que con los Hermanos Karamazov de su compatriota Dostoievsky, durante la lectura me podía identificar con alguno de los caracteres y me imagino que lo mismo le sucederá a cualquiera.

Lo leo en tiempos en que mi país, Chile, pasa en medio de un desastre, en cuya reconstrucción me encuentro trabajando hace ya un mes, y en cierta forma, la fragilidad de nuestro día a día se ha visto rota por un enfrentamiento, no con un enemigo, sino que con la naturaleza. Pero veo muy muy nítido el cambio de prioridades y en el fondo la actualización de valores, sueños y esperanzas que trae una catástrofe, tanto las naturales, como un terremoto, como las humanas, como la guerra.

Ya tengo 5 novelas de Tostoi en el escritorio, así que me apresto sentarme, abrir una, cualquiera, y excederme en su lectura.

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"Entonces ¿porque va a la guerra? pregunto Pedro.

¿Porque? No lo se. Es necesario. Además voy porque. - se detuvo - Voy porque la vida que llevo aquí, esta vida, no me satisface."

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"Pedro tenía razón cuando decía que se debe creer en la posibilidad de ser feliz para ser feliz. Y ahora creo. Dejemos que los muertos entierren a los muertos. Mientras se vive hay que vivir y ser feliz."

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"Ya sabia que aquí, en este mundo de imbeciles, yo no sabría hacer nada bueno. Dijo Nicolás."

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"Anatolio estaba siempre contento de su situación, de si mismo y de los demás. Instintivamente, estaba convencido de que no podría vivir de otra manera de cómo vivía y también de no haber hecho nada malo en toda su vida. No pensaba y era incapaz de reflexionar en los efectos que sus actos podían producir en los demás o las consecuencias que pudieran acarrear."

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"Así como los cristales pintados de un farolito permiten ver, cuando se encienden de improviso, el trabajo artístico que poco antes parecía grosero y falto de sentido, se trasfiguro de pronto el rostro de la princesa Maria. Por primera vez se exteriorizaba aquel trabajo puro, espiritual que había realizado en secreto. (…) Y Rostov se dio cuenta de ello con tanta claridad como si la conociera de toda la vida. Advirtió instintivamente que el ser que tenia delante era distinto y superior a todos los que había conocido hasta aquel momento, y sobre todo, mejor que el mismo."

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"Una sola explicación tenia aquello: la de que todo le era indiferente, porque se le había revelado una cosa mas bella e importante."

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"Lo que antes le preocupaba, lo que siempre trato de solucionar, la cuestión del objeto de la vida ya no existía para el, se había concluido la búsqueda, y no por casualidad y momentáneamente, sino porque comprendía que no existía tal objeto ni podía existir. Precisamente este sentimiento era lo que le producía aquella alegre sensación de libertad, lo que le hacia dichoso."

viernes, 19 de marzo de 2010

La muerte de Ivan Ilich

Un clásico puede ser leído 100 años después y los temas siguen siendo actuales.

Ivan Ilich nunca supo que cosa le gustaba y que no. Solo siguió el gusto y los criterios sociales de su época. Le gustaba tener amigos ricos e influyentes, y copiaba sus gustos y formas. Se caso con la mujer correcta, tuvo el trabajo correcto, y solo era feliz jugando cartas. Arribismo químicamente puro.

La inminencia de su muerte plantea una problemática nueva. La vida sigue, con sus amigos tocando el piano en el salón de su casa. La muerte, específicamente su propia muerte, solo le preocupa a él. El recuerdo de su vida y la aceptación del fatal error en la mayor parte de sus decisiones consientes son muchísimo mas terribles que los dolores de la desconocida enfermedad que lo mata

Descripción magnífica. El final solo da para cerrar el libro y quedarse callado un rato.

“Los deleites de su trabajo eran los deleites de la ambición. Los deleites de su vida social eran los deleites de la vanidad. Pero el mayor deleite de Ivan Ilich era jugar al vint.”

“En realidad resulto lo que de ordinario resulta de las viviendas de las personas que quieren hacerse pasar por ricas no siéndolo de verdad, y por consiguiente acaban pareciéndose a otras de su misma condición.(…..) La casa de Ivan Ilich era tan parecida a otras que no hubiera sido objeto de la menor atención, pero a el se le antojaba original”

“Empezó a compadecerse de si misma y mientras mas se compadecía, mas odiaba a su marido. Empezó a desear que muriera a la vez que no quería su muerte porque en tal caso cesaría su sueldo.”

“Ella permaneció sentada un ratito mas y luego se acerco a él y le dio un beso en la frente. Mientras ella se acercaba, él la aborrecía de todo corazón y tuvo que hacer un esfuerzo para no apartarla de un empujón”