viernes, 19 de marzo de 2010

La muerte de Ivan Ilich

Un clásico puede ser leído 100 años después y los temas siguen siendo actuales.

Ivan Ilich nunca supo que cosa le gustaba y que no. Solo siguió el gusto y los criterios sociales de su época. Le gustaba tener amigos ricos e influyentes, y copiaba sus gustos y formas. Se caso con la mujer correcta, tuvo el trabajo correcto, y solo era feliz jugando cartas. Arribismo químicamente puro.

La inminencia de su muerte plantea una problemática nueva. La vida sigue, con sus amigos tocando el piano en el salón de su casa. La muerte, específicamente su propia muerte, solo le preocupa a él. El recuerdo de su vida y la aceptación del fatal error en la mayor parte de sus decisiones consientes son muchísimo mas terribles que los dolores de la desconocida enfermedad que lo mata

Descripción magnífica. El final solo da para cerrar el libro y quedarse callado un rato.

“Los deleites de su trabajo eran los deleites de la ambición. Los deleites de su vida social eran los deleites de la vanidad. Pero el mayor deleite de Ivan Ilich era jugar al vint.”

“En realidad resulto lo que de ordinario resulta de las viviendas de las personas que quieren hacerse pasar por ricas no siéndolo de verdad, y por consiguiente acaban pareciéndose a otras de su misma condición.(…..) La casa de Ivan Ilich era tan parecida a otras que no hubiera sido objeto de la menor atención, pero a el se le antojaba original”

“Empezó a compadecerse de si misma y mientras mas se compadecía, mas odiaba a su marido. Empezó a desear que muriera a la vez que no quería su muerte porque en tal caso cesaría su sueldo.”

“Ella permaneció sentada un ratito mas y luego se acerco a él y le dio un beso en la frente. Mientras ella se acercaba, él la aborrecía de todo corazón y tuvo que hacer un esfuerzo para no apartarla de un empujón”

1 comentario:

Carol Madureira dijo...

Gracias por la visita. Su Blog también és muy encantador