Analizar la carga sicológica del conflicto planteado en esta historia requiere entender una sociedad corrosiva y enferma, no muy distinta a la nuestra despues de todo, donde la superficialidad y las bajas pasiones dominan a la mayoría de sus personajes. En este contexto, la figura del personaje principal ilumina en la oscuridad. Ivan Fiodorovich vuelve a su tierra después de su tratamiento para su enfermedad. Directo, sin filtrar lo que piensa, y con una ingenuidad infantil, es calificado como un idiota. Pero en su aparente indefensión, genera logros basados en su manera distinta de mirar al mundo, los que nuevamente lo marcan y lo rodean de envidias y rencores. Sin notarlo, sigue en busca de una felicidad esquiva. No se queja en el intento. Solo continua.
Marca el paralelo de una intensa vida espiritual, personal, propia, en contraposición al vació de la vida exterior y de apariencias de su entorno. Finalmente no es aceptable que el idiota tenga razón. Es necesario ponerlo donde pertenece. Admira la validez del relato, a pesar de los años desde que fue escrita.
Se deja leer con interés. Profunda novela, cargada de un existencialismo embrionario.
sábado, 26 de junio de 2010
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