martes, 31 de julio de 2012

Grupo Bordemar. Zarpando a Chiloé.

La música no es mi especialidad. Pero asistí al Teatro del Lago, en Frutillar, donde un grupo de Chiloé "teloneaba" al conjunto estelar de la noche. Y para mí, Bordemar se robó la película. O el concierto en este caso.
El grupo Bordemar fusiona la música tradicional de Chiloé. Una zona mágica en su geografía y cultura, ubicada al comienzo de la Patagonia Chilena. Mezcla piano, violín, violoncello, guitarra y flauta, creando ambientes cálidos e intensos, sumados a una puesta en escena sobria y una iluminación perfecta, que hizo resaltar los rasgos locales de sus integrantes. Esto da un ambiente íntimo a pesar de estar a teatro lleno. Es ver a tus amigos tocando. Es verse tocando uno mismo la música de Chiloé como nadie la ha tocado.
La fusión con la música mas docta permite apreciar el virtuosismo de sus integrantes. Los arreglos tienen la elegancia y limpieza que da jugar solo con los adjetivos justos y necesarios. Evita los excesos. Y permite sentir tanto la música como su raíz dentro de uno. Sus melodías emergen a veces potentes de temporal, y sumergen luego en pausas de calma.
Tengo el privilegio de conocer muy bien la zona. Y con Bordemar, con su esencia de lancha a vela, se puede sentir la fuerza del norte levantando ola en el golfo de Ancud, como también la calma del Canal Inualac. Se puede entrar navegando a Mechuque, o caminar por la costa para ir a misa de 12 a la Iglesia de Tenaún. El grupo Bordemar es a la música lo que Coloane es a la Literatura.
Un último detalle. Al salir el director musical y compositor del grupo Bordemar, Jaime Barría, vendía sus discos en el foyer del teatro. Le compre dos discos y me fui pensando porqué Jaime no puede dedicarse a lo claramente mejor hace, guiarnos a Chiloe sobre las partituras de su música. Como comentario, Jaime Barria creó la música del programa Tierra Adentro.
http://www.youtube.com/watch?v=GOiQKWHqj7Y
http://www.youtube.com/watch?v=w_5aRfEBfeI

sábado, 28 de julio de 2012

Cuentos Completos de Vladimir Navokov

A través del libro es posible ir recorriendo los temas y formas narrativas adoptadas por el autor durante su vida. Por lo tanto, reseñarlos como un todo es extenso e inexacto. Como una de las pocas características generales, los ambientes ajenos que sirven de marco a las historias de los exiliados rusos son buenísimos y los disfruté mucho. También destaco las historias simples de su primera etapa, con giros inesperados y temas muy de taller literario. Esto no desmerece las historias más complejas, con forma de pequeñas novelas que sobresalen en su etapa más madura. Las formas que adopta para el narrador son variadas, atractivas y divertidas. Aunque no soy un fanático de las descripciones, dejé el libro lleno de notas para después repasar y aprender. Destaco la historia de un viejo con aspiraciones de escritor, editado en una revista de exiliados por el interés de su "apoyo" a la causa. También una espera en la puerta de Brandemburgo, y una pareja a punto de reencontrarse en un tren alemán, después de ser separados por la revolución. Cuentos muy bien armados. Tan bien armados que el libro se vuelve lento. Lento por la necesidad de cerrarlo y pensar un rato al pasar de un cuento a otro. “Tome un té con limón, atendí la meliflua conversación de Martín sin lograr evitar la sensación de que algo nuevo había hecho irrupción en aquella casa, algún pálpito misterioso y alegre, como ocurre por ejemplo en un hogar donde hay una joven a punto de ser madre”. “En tu dormitorio embrumado, la luz del sol. Que se filtraba por las persianas venecianas, formaba dos escaleras doradas en el suelo. “Kern encendió un cigarrillo en silencio. Después de la sexta copa-un brebaje de chocolate y champan demasiado dulce- sintió la imperiosa necesidad de hablar.