sábado, 28 de julio de 2012

Cuentos Completos de Vladimir Navokov

A través del libro es posible ir recorriendo los temas y formas narrativas adoptadas por el autor durante su vida. Por lo tanto, reseñarlos como un todo es extenso e inexacto. Como una de las pocas características generales, los ambientes ajenos que sirven de marco a las historias de los exiliados rusos son buenísimos y los disfruté mucho. También destaco las historias simples de su primera etapa, con giros inesperados y temas muy de taller literario. Esto no desmerece las historias más complejas, con forma de pequeñas novelas que sobresalen en su etapa más madura. Las formas que adopta para el narrador son variadas, atractivas y divertidas. Aunque no soy un fanático de las descripciones, dejé el libro lleno de notas para después repasar y aprender. Destaco la historia de un viejo con aspiraciones de escritor, editado en una revista de exiliados por el interés de su "apoyo" a la causa. También una espera en la puerta de Brandemburgo, y una pareja a punto de reencontrarse en un tren alemán, después de ser separados por la revolución. Cuentos muy bien armados. Tan bien armados que el libro se vuelve lento. Lento por la necesidad de cerrarlo y pensar un rato al pasar de un cuento a otro. “Tome un té con limón, atendí la meliflua conversación de Martín sin lograr evitar la sensación de que algo nuevo había hecho irrupción en aquella casa, algún pálpito misterioso y alegre, como ocurre por ejemplo en un hogar donde hay una joven a punto de ser madre”. “En tu dormitorio embrumado, la luz del sol. Que se filtraba por las persianas venecianas, formaba dos escaleras doradas en el suelo. “Kern encendió un cigarrillo en silencio. Después de la sexta copa-un brebaje de chocolate y champan demasiado dulce- sintió la imperiosa necesidad de hablar.

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